jueves, 12 de julio de 2012

DE LA ADOLESCENCIA DE GARGANTÚA


Capítulo XI
De la adolescencia de Gargantúa
Siguiendo lo dispuesto posu padre, Gargantúa, desde lostres a los cinco años, ue alimentado y ue instituido con arreglo ala más conveniente disciplina y aquel tiempo lo pasó, como todoslos niños del país, a saber: bebiendo, comiendo y durmiendo;comiendo, durmiendo, comiendo y bebiendo.Continuamente se revolcaba en los charcos, se tiznaba lanariz, se churreteaba la cara, se enangaba los zapatos, resbalabasiguiendo a los moscardones, y corría voluntarioso detrás de lasmariposas, cuyo imperio tenía su padre.Se orinaba en sus zapatos y se ensuciaba en su camisa, sedesmocaba con las mangas, metía las manos en la sopa, chapo-teaba por todas partes, bebía en sus zapatillas y ordinariamentese rascaba la tripa con el cesto del pan.Se alaba los dientes en un zueco, se lavaba las manos en elcaldo, se peinaba con un haz de leña, se sentaba entre dos sillascon las posaderas en tierra, se cubría con un saco mojado, bebíaal comer la sopa, comía la grasa sin pan, mordía riendo, reía mor-diendo, escupía en las campanas,
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peía uerte, orinaba contra elsol, se guarecía de la lluvia en el agua, desaaba al río, abríahoyos, se hacía el tonto, vomitaba, decía el
Padrenuestro
delmono, volvía a sus carneros, cambiaba contra sí mismo la cata-pulta, azuzaba al perro contra el león, ponía la carretera delantede los bueyes, se metía en donde nadie le llamaba, sacaba lossecretos a la uerza, muy embarazado y poco comprimido comía
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Frases hechas que aún están en uso en muchas comarcas rancesas, principalmente en Gascuña.
 
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François
 
Rabelais
Gargantúa
su pan blanco antes que nadie, herraba las cigarras, se cosqui-lleaba para hacerse reír, se tiznaba de hollín en la cocina, hacía ycolocaba gavillas de paja en todas partes, pedía que le cantaranel
Magnifcat 
a la hora de maitines y lo encontraba muy a pro-pósito, comía coles y tronchos podridos, colocaba moscas en laleche, les arrancaba las patas a las moscas, roía el papel, calen-taba el pergamino, saltaba en un pie, tiraba del carretón, con-taba sin la huésped, golpeaba los bojes sin coger los pájaros, creíaque las nubes eran píldoras de alquimia y las vejigas linternas,hacía de un costal dos monteras, rebuznaba para hacer gracia,convertía sus puños en martillos, cogía las grullas de un salto,quería que le hicieran las morcillas golpe a golpe, le miraba el ojoal caballo regalado, saltaba del gallo al asno y metía entre dosverdes una madura, cavaba en la tierra su osa y deendía la lunade los lobos.Si bajaban las nubes, esperaba coger las alondras, hacía denecesidad virtud, y del pan ajeno sopas, y se cuidaba tan poco delos reyes como de los tonsurados.Todas las mañanas vomitaba; los cachorros de su padrecomían en su escudilla, y él comía con ellos; los mordía en lasorejas y le arañaban en la nariz; les soplaba el culo y le lamían losmorros.
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¿Queréis saber más? ¿Qué mal de pipa os trastorna?
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Pues sabed que este libidinosuelo saboteaba a sus gober-nantas por delante y por detrás, y arre borrica, pues ya en su bra-gueta se notaban señales de vida. Un día se la adornaron con bellosramilletes, bellas cintas, bellas fores y bellas vedijas, y se rego-cijaban pasando por ella las manos como si uera un rodillo dehacer ungüentos. Luego se retorcían de risa cuando
levantaba lasorejas,
pues el juego les gustaba. Una la llamaba mi espita, otra mitallito de coral, otra mi morcilla, otra mi tapón, otra mi taladro,mi agitador, mi fauta, mi colgante, mi tormento, mi colita.
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Badigoinces
dice el autor donde traducimos
morros
. Casi todo este capítulo está escrito en patios delMediodía de Francia.
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Mal de pipa, de tonel: borrachera
 
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colección
los ríos profundos
s
Capítulo XI
—Es mía decía una.—No, que es mía decía otra.Y para mí ¿no hay nada? decía otra. Pues se la cortaré.—¡Ah! ¡Cortar! Harías muy mal decía otra. ¡Cortar la cosaa un niño para que luego sea un señor sin cola!Y para que se distrajera como los niños del país, le hicieronun juguete como uno de los molinos de viento de Mirebalais

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